miércoles 19 de noviembre de 2008

Día 37 – San Petersburgo

San Petersburgo amaneció salpicada de nieve. Dejamos el hotel y sólo caminamos dos cuadras para llegar al Ermitage. Con varios edificios interconectados y cientos y cientos de salas, internarse en este enorme museo resulta a priori algo intimidante, y habíamos estado hablando durante la cena de ayer sobre lo que cada uno no quería perderse, llegando a una extensa lista de heterogéneas prioridades.

Más allá de la increíble colección del museo resulta avasallante la belleza, el lujo y la escala del Palacio en sí, y con la ayuda de dos guías impresas y una audio guía que contratamos al entrar pudimos ir orientándonos y aprendiendo tanto sobre la historia de la arquitectura como de sus obras.















En las más de siete horas que estuvimos recorriendo el museo, era tal nuestro entusiasmo que sólo paramos quince minutos para comer un sándwich. Estábamos maravillados.















Como yapa toda la tarde nevó y nevó, y si uno dejaba escapar la mirada del palacio por una de sus ventanas veía la ciudad toda cubierta de nieve.


Encontramos un par de estatuas renuentes a ser fotografiadas:



Al salir del museo a la hora del cierre los chicos jugaban en la nieve. Caminamos hasta un restaurante donde tomamos sopas rusas típicas antes de volver al hotel a descansar.






Día 36 – San Petersburgo

Hoy fuimos al Monumento a los Heroicos Defensores de Leningrado que consiste en un anillo de hierro que representa los 900 días del sitio que sufrió la ciudad y varias esculturas alegóricas.






Construido en forma de Mausoleo, un museo subterráneo expone algunos objetos relativos a la vida en la ciudad durante el sitio y a la defensa de la misma. Proyectaron para nosotros un documental con escenas de archivo.

















Para ir al Museo de Historia Política tomamos el subte, absteniéndonos de sacar fotos. El Museo, más que de historia política resultó ser de “histeria política” ya que exhiben una muy interesante colección de objetos pero con una parcial y simplista interpretación de la historia que deja traslucir cierta nostalgia de los tiempos imperiales.









Día 35 – San Petersburgo

Despertamos viendo nevar por la ventana. Desayunamos y caminamos bajo la nieve hasta la Fortaleza de Pedro y Pablo, construida por Pedro I en 1703 dando así comienzo a la ciudad de San Petersburgo.






Pasamos todo el día visitando sus varios museos y edificios que incluyen desde un museo de cosmonáutica con una réplica del Spútnik hasta una Catedral.




















El atardecer nos encontró sobre una de las murallas.








Cuando abandonamos la Fortaleza ya era de noche y fuimos a comer al Kafe Literaturnoe, donde Pushkin comió por última vez antes de batirse a duelo y recibir una herida que le causaría la muerte un par de días más tarde.


Día 34 – SanPetersburgo

Tras un reconfortante descanso en las magníficas camas del Pushka Inn partimos al Museo del Bloqueo sobre el sitio de Leningrado. Cuando llegamos una anciana encargada del guardarropas nos explicó medio en ruso, medio en inglés, medio en alemán cómo recorrer el museo y algunas otras cosas que mucho no entendimos (hablaba más en ruso que en inglés o alemán).

El museo alberga objetos relacionados con el bloqueo donados por sobrevivientes y muchos afiches de la época, fotografías, pinturas y esculturas que ilustran esos terribles días.












En nuestro recorrido nos encontramos con la Catedral de la Transfiguración de Nuestro Salvador.






Y después visitamos el Museo del Erotismo, que funciona dentro de una clínica de enfermedades venéreas, lo que hace la visita bastante extraña porque en los pasillos se mezclan visitantes y pacientes. La pieza central de la colección es la “pieza” de Rasputín que se conserva en un frasco con formol haciendo gala de sus todavía impactantes 24 centímetros (en posición no erecta)!!!!! Foto a disposición de los interesados.

Salimos del museo habiendo entrado en calor y decidimos volver al hotel en subte para conocer las estaciones que, según leímos, son muy lindas. Cuando llegamos a la estación Ploshchad Vosstaniya estábamos sacando unas fotos cuando un policía visiblemente borracho nos detuvo porque está prohibido sacar fotos en las estaciones de subte. Nos mostró un cartel bastante escondido al final del andén y pese a que nos disculpamos y guardamos la cámara nos llevó hasta donde su compañero tenía en custodia a otros dos chicos visiblemente asustados. Para colmo nos habíamos olvidado los pasaportes en el hotel asíque nos arriaron a los cuatro con rumbo desconocido. Los policías no hablaban una palabra de inglés y la situación no pintaba nada bien.

Camino a lo desconocido en un momento dado llegaron dos subtes a la estación y un malón de gente inundó el andén, momento que aprovechamos para perdernos entre la multitud y escapar a toda velocidad por otra salida. Nos salvamos por un pelito.

Estas son las fotos de la estación:





Día 33 – San Petersburgo

Llegamos a las diez de la mañana bajo una llovizna persistente. Tomamos un taxi hasta el hotel. Emplazado a orillas del canal Moiky en unos de los rincones más lindos de la ciudad, el Hotel Pushka Inn fue antiguamente la casa de Alexander Pushkin.

Estábamos medio cansados del viaje en tren pero nos fuimos a recorrer un poco la ciudad que parece salida de un cuento.















Durante nuestro paseo, y cansados ya de usar siempre la misma ropa, aprovechamos para renovar nuestro vestuario.

Nos perdimos por la ciudad, literalmente. De repente apareció frente a nosotros la Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada, inspirada en la de San Basilio.




El frío y el cansancio nos arrastraron a un café frente al canal Griboedova donde nos calentamos con unas ricas sopas al mejor estilo ruso.

A la noche fuimos a llevar la ropa a un lave-rap con cafetería. No había máquinas libres así que dejamos la ropa y nos dijeron que estaría lista en tres horas. Paseamos un rato y después de comer en un restaurant japonés volvimos a buscarla. Para nuestra sorpresa el lave-rap se había convertido en el café bar más concurrido de la ciudad, estaba atestado de turistas.

La mitad de nuestra ropa estaba lista y la otra mitad giraba en un secarropas demasiado cargado. Media hora más tarde decidimos llevarnos la ropa húmeda como estaba y la colgamos cual gitanos por toda la habitación del hotel.

Día 32 – Moscu

Hoy decidimos tomarnos el día libre y salimos a pasear por la ciudad sin recorrido preestablecido.

A la noche pasamos por la clínica a devolver “la mula” con la que Vicky se había ya encariñado y gracias a la cual por tres días la gente no la empujaba y le cedían el asiento en el subte.

Volviendo al hotel hicimos una parada para comer una fondeau de chocolate. Recogimos el equipaje y tomamos un taxi a la terminal a tomar el tren nocturno a San Petersburgo.













Día 31 – Moscú

Nos levantamos temprano y después de mirar el pronóstico del dedo decidimos aventurarnos al Parque de la Victoria, un extenso complejo que conmemora la Gran Guerra Patriótica, al que los dos teníamos muchas ganas de ir.

Los grandes monumentos y el detallado museo superaron nuestras expectativas, que eran muy optimistas. Sobre todo nos emocionaron los dioramas dedicados a cada una de las principales batallas de la II Guerra Mundial en que participaron tropas soviéticas. Están muy bien logrados y hacen que uno se sienta transportado al campo de batalla.


Vista del Parque de la Victoria

Este obelisco de 142 metros representa un día de guerra cada 10 cms.

El museo por dentro














El Museo y el obelisco al atardecer

Después de recorrer ese museo exploramos el parque en busca de la Sinagoga Conmemorativa de la Colina de Poklonnaya, que alberga el museo de historia judía y el holocausto. Cuando finalmente la encontramos un par de rusos intentó explicarnos que las visitas solo se pueden realizar con guía y previa cita. Nos dejaron ver la sinagoga y nos despacharon de vuelta al parque.

Cuando empezaba a oscurecer nos refugiamos en un café donde disfrutamos unos ricos sandwiches y unas sopas para entrar en calor.

A la vuelta tomamos el subte y nos bajamos en varias estaciones increíblemente decoradas.

Hora pico