Esperamos al mediodía, para que el sol derritiera la nieve del camino, y después de almorzar, emprendimos el viaje hacia las montañas Altai del Gobi, cerca de las dunas de Hongoryn Els donde nos quedaríamos los próximos dos días.


Después de tres horas llegamos a las dunas. Mitad blancas por la reciente nevada, mitad amarillas por la arena brillante bajo el sol, estas son las dunas más altas del desierto de Gobi y están enmarcadas por imponentes montañas nevadas, lo que genera un contraste impresionante.


Costó un poco encontrar el campamento de la familia nómade que nos hospedaría, pero tras preguntar al único auto que nos cruzamos en las cinco horas de viaje pudimos llegar a destino.
Mugui nos presentó al jefe de la familia, un mongol de unos sesenta años que nos impactó por su aspecto hosco pero resultó muy amable y divertido.
Nos invitaron a su ger, donde sentados todos alrededor de la estufa nos convidaron leche tibia de cabra y yoghurt sólido de leche agria de camella (es todavía más horrible de lo que suena).
Después de esta tradicional bienvenida nos mostraron nuestro ger, bastante más rústico que el del lodge pero muy cálido.




Al atardecer vimos a las camellas amamantar a sus crias justo antes de que la mujer del jefe las ordeñara.





Cenamos temprano en nuestro ger con Mugui, que nos contó historias sobre Genghis Khan y nos habló sobre la situación actual de Mongolia. Nos visitó el jefe de la familia que vino a convidarnos vodka de leche de camella y a deseranos buenas noches.
Después de tres horas llegamos a las dunas. Mitad blancas por la reciente nevada, mitad amarillas por la arena brillante bajo el sol, estas son las dunas más altas del desierto de Gobi y están enmarcadas por imponentes montañas nevadas, lo que genera un contraste impresionante.
Costó un poco encontrar el campamento de la familia nómade que nos hospedaría, pero tras preguntar al único auto que nos cruzamos en las cinco horas de viaje pudimos llegar a destino.
Mugui nos presentó al jefe de la familia, un mongol de unos sesenta años que nos impactó por su aspecto hosco pero resultó muy amable y divertido.
Nos invitaron a su ger, donde sentados todos alrededor de la estufa nos convidaron leche tibia de cabra y yoghurt sólido de leche agria de camella (es todavía más horrible de lo que suena).
Después de esta tradicional bienvenida nos mostraron nuestro ger, bastante más rústico que el del lodge pero muy cálido.
Al atardecer vimos a las camellas amamantar a sus crias justo antes de que la mujer del jefe las ordeñara.
Cenamos temprano en nuestro ger con Mugui, que nos contó historias sobre Genghis Khan y nos habló sobre la situación actual de Mongolia. Nos visitó el jefe de la familia que vino a convidarnos vodka de leche de camella y a deseranos buenas noches.
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