Todavía no había amanecido, hacía mucho frío y Jose tenía fiebre.
Por suerte esta parte del viaje está toda organizada y nos estaban esperando en la estación un guía y un conductor para llevarnos al hotel.
Apenas llegamos a la habitación Jose se metió en la cama y se durmió. Yo me comí y tomé medio minibar y aproveché para organizar las fotos y leer un rato.
Un par de horas más tarde Jose se despertó peor de lo que se había acostado. Decidimos llamar médico.
Al rato apareció una morocha de vestido cortito y un guardapolvo blanco abierto arriba, botas negras hasta las rodillas y el estetoscopio colgando del cuello. La acompañaba la recepcionista que intentaría oficiar de intérprete. Entre señas, algo de inglñes que entendñía la recepcionista logramos explicarle que Jose tenía fiebre, dolor de garganta y de panza.
La médica lo revisó y, sin poder decidirse entre una gripe y una indigestión, le recetó:
1) un anticongestivo
2) un antitérmico
3) un antibiótico
4) laxante
5) té de limón
6) bananas
Por suerte teníamos un buen botquín y optamos por tafirol y un antibiótico.
Cuando le bajó un poco la temperatura y se empezó a sentir mejor salí en busca de té, miel y bananas.
Las calles de Ulan Bator eran un caos. Los chicos saliendo del colegio y los demás de la oficina. Los semáforos parecen no tener función. Los conductores no disminuyen la velocidad ante los peatones que se aventuran a cruzar. Recordé Hanoi.
Entré a un supermercado y conseguí té de limón y miel, pero ni noticias de una verdulería. Caminé un montón y cuando estaba por rendirme vi una chica que venía comiendo una banana. Así que caminé unos metros más y encontré unos piestitos en la calle vendiendo frutas y verduras. Compré unas cuantas bananas y volví al hotel muy contenta con todo lo que Jose necesitaba.
Nos quedamos todo el día en el hotel. José comió bananas y 70 tazas de té y el antibiótico y a la noche ya no tenía más fiebre.
1 comentario:
¿No hay foto de la doctora?
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