Más allá de la increíble colección del museo resulta avasallante la belleza, el lujo y la escala del Palacio en sí, y con la ayuda de dos guías impresas y una audio guía que contratamos al entrar pudimos ir orientándonos y aprendiendo tanto sobre la historia de la arquitectura como de sus obras.
En las más de siete horas que estuvimos recorriendo el museo, era tal nuestro entusiasmo que sólo paramos quince minutos para comer un sándwich. Estábamos maravillados.