A la noche pasamos por la clínica a devolver “la mula” con la que Vicky se había ya encariñado y gracias a la cual por tres días la gente no la empujaba y le cedían el asiento en el subte.
Volviendo al hotel hicimos una parada para comer una fondeau de chocolate. Recogimos el equipaje y tomamos un taxi a la terminal a tomar el tren nocturno a San Petersburgo.
1 comentario:
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