Estábamos medio cansados del viaje en tren pero nos fuimos a recorrer un poco la ciudad que parece salida de un cuento.
Durante nuestro paseo, y cansados ya de usar siempre la misma ropa, aprovechamos para renovar nuestro vestuario.
Nos perdimos por la ciudad, literalmente. De repente apareció frente a nosotros la Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada, inspirada en la de San Basilio.
El frío y el cansancio nos arrastraron a un café frente al canal Griboedova donde nos calentamos con unas ricas sopas al mejor estilo ruso.
A la noche fuimos a llevar la ropa a un lave-rap con cafetería. No había máquinas libres así que dejamos la ropa y nos dijeron que estaría lista en tres horas. Paseamos un rato y después de comer en un restaurant japonés volvimos a buscarla. Para nuestra sorpresa el lave-rap se había convertido en el café bar más concurrido de la ciudad, estaba atestado de turistas.
La mitad de nuestra ropa estaba lista y la otra mitad giraba en un secarropas demasiado cargado. Media hora más tarde decidimos llevarnos la ropa húmeda como estaba y la colgamos cual gitanos por toda la habitación del hotel.
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