miércoles, 29 de octubre de 2008

Día 12 – Más camelgata

José se levantó antes del amanecer y fue a buscar leña para desigluizar nuestro ger.






Ya calentitos desayunamos y, después que el jefe hubiera reunido a los camellos que se habían alejado a las montañas durante la noche, volvimos a camellear.



Al finalizar la camelgata de este día nos despedimos del jefe de la familia y su mujer y seguimos viaje en la camioneta de Toctoj.


Fuimos hasta unas dunas muy altas que, bañadas en nieve, convertimos en pista de culipatín, y después de almorzar al aire libre visitamos Tugrigiin Shiree, lugar donde encontraron a Romeo y Julieta, una pareja de dinosaurios entrelazados en combate.











En el camino vimos un lobo. Los mongoles creen que ver un lobo trae buena suerte, así que Toctoj lo siguió un rato con la camioneta.



Llegamos al lodge para cenar y darnos una reconfortante ducha caliente.

Día 11 – Camelgata

Fue una noche difícil. La estufa se apagó creca de la medianoche y el ger parecía un iglú, pese a que estábamos envueltos como oruga en su capullo entre dos edredones de duvet. Además, no pudimos encontrar en toda la noche una posición medianamente cómoda sobre nuestro “colchón”, un antiguo sofá cama de madera dura, demasiado dura.


Al abrir la puerta del ger el paisaje nos hizo olvidar las penurias de la noche. La planicie desértica se extendía hasta el blanco de las montañas nevadas. Más cerca, las siluetas de varios camellos se recortaban a contraluz.

Después de ver cómo ordeñaban a las cabras, el jefe eligió un camello para cada uno. Mugui nos enseñó cómo montar y partimos los cuatro rumbo a las gigantescas dunas.






Cruzar las dunas a camello oyendo los cantos de nuestro anfitrión nos remontó a otros tiempos.






Fascinados recorrimos durante cuatro horas las dunas del Gobi hasta llegar a una planicie donde paramos para comer.

Tres horas más de camelgata nos devolvieron al campamento, cansados, doloridos, felices.





Después de la cena el jefe de la familia y su mujer visitaron nuestro ger para mostrarnos las medallas ganadas por él en carreras de camellos y su álbum de fotos, un libro sobre caballos en cuyas hojas pegaron fotos familiares y de sus invitados.

Antes de desearnos buenas noches nos dieron unos regalos que ellos mismos hicieron para nosotros: un juego con huesos de cabra y un llavero de lana.

Día 10 – Dunas.

Hoy por primera vez el Gobi nos mostró el famoso cielo azul de Mongolia. También lo frías que pueden ser sus mañanas, con creca de quince grados bajo cero. Ayer a la noche Mugui dejó una botella de agua en la camioneta y esta mañana era un bloque de hielo.


Esperamos al mediodía, para que el sol derritiera la nieve del camino, y después de almorzar, emprendimos el viaje hacia las montañas Altai del Gobi, cerca de las dunas de Hongoryn Els donde nos quedaríamos los próximos dos días.



Después de tres horas llegamos a las dunas. Mitad blancas por la reciente nevada, mitad amarillas por la arena brillante bajo el sol, estas son las dunas más altas del desierto de Gobi y están enmarcadas por imponentes montañas nevadas, lo que genera un contraste impresionante.


Costó un poco encontrar el campamento de la familia nómade que nos hospedaría, pero tras preguntar al único auto que nos cruzamos en las cinco horas de viaje pudimos llegar a destino.

Mugui nos presentó al jefe de la familia, un mongol de unos sesenta años que nos impactó por su aspecto hosco pero resultó muy amable y divertido.

Nos invitaron a su ger, donde sentados todos alrededor de la estufa nos convidaron leche tibia de cabra y yoghurt sólido de leche agria de camella (es todavía más horrible de lo que suena).

Después de esta tradicional bienvenida nos mostraron nuestro ger, bastante más rústico que el del lodge pero muy cálido.





Al atardecer vimos a las camellas amamantar a sus crias justo antes de que la mujer del jefe las ordeñara.






Cenamos temprano en nuestro ger con Mugui, que nos contó historias sobre Genghis Khan y nos habló sobre la situación actual de Mongolia. Nos visitó el jefe de la familia que vino a convidarnos vodka de leche de camella y a deseranos buenas noches.

Día 9 – Yol National Park

Hoy nos despertamos muy temprano con la idea de ver el amanecer. Cuando abrimos la puerta del ger nos encontramos con una geografía diferente: un manto blanco lo cubría todo y el suelo y el cielo se hacían uno tornándose el horizonte imperceptible.



Y seguía nevando. Nos abrigamos mucho y salimos a enterrarnos en la nieve. Sorprendidos, divertidos, entusiasmados.



Después de desayunar fuimos con Mugui y Toctoj al Parque Nacional Yol. El viaje resultó ser toda una odisea. Toctoj sabía exactamente qué dirección seguir a pesar de que todo se veia igualmente blanco, sin señal alguna de caminos, senderos o huellas.

Cuando faltaba poco para llegar, tras dos horas de viaje, la camioneta derrapó y dos ruedas quedaron en el aire sobre un pozo que estaba cubierto por la nieve.

Todos bajamos de la camioneta a recoger piedras para apuntalar las ruedas. No resultó fácil pero con más maña que fuerza conseguimos poner otra vez la camioneta sobre el camino.


Y llegamos al parque Yol. No pudimos ver animales porque siguió nevando toda la mañana, pero disfrutamos de un paseo de más de dos horas en la nieve, rodeados de las montañas Altai y a lo largo de un curso de agua congelado en varios tramos.



Por el camino vimos varios ovoos, pilas de piedras que los mongoles colocan en lugares altos para que vuelvan allí los espíritus de sus seres queridos.


Al terminar la caminata visitamos un pequeño museo local, donde vimos huesos y huevos de dinosaurios, así como una extensa muestra (de dudoso gusto) de animales embalsamados típicos de la región.

De ahí de vuelta a la camioneta y, dos horas más tarde, al campamento, donde nos sirvieron un almuerzo tardío.

Pasamos el resto de la tarde compaginando textos y fotos para el blog, refugiados del frio en el ger comedor. Después de cenar nos dimos nuestra primer ducha en el Gobi, con agua casi hirviendo para compenzar la temperatura bajo cero.